Ficción Inventos inútiles
El claxon que sabe pedir perdón
Un aficionado decidió que el botón más ruidoso del coche también debía saber disculparse, y le dio al claxon una segunda voz mucho más pequeña.
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Ficción — inventada por diversión
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Soluciones patentadas para problemas que nadie tiene.
Ficción Inventos inútiles
Un aficionado decidió que el botón más ruidoso del coche también debía saber disculparse, y le dio al claxon una segunda voz mucho más pequeña.
Ficción Inventos inútiles
Una máquina de escritorio que imprime un diploma formal con orla dorada por logros como acordarse de recoger la ropa antes de que lloviera.
Ficción Inventos inútiles
Dos postes de latón y un cordón de terciopelo burdeos, para acordonar el único rincón de tu casa que está ordenado ahora mismo.
Ficción Inventos inútiles
Una aspiradora que se detiene en cuanto alguien en la habitación empieza a hablar, de modo que jamás interrumpe y, por tanto, jamás termina.
Ficción Inventos inútiles
Un bonito felpudo de coco con una pequeña pantalla en la esquina que te informa, al entrar, de exactamente qué tiempo hacía hace una hora.
Ficción Inventos inútiles
Una tostadora que celebra tu tostada con una breve fanfarria de metales, interpretada aproximadamente tres minutos después de que la tostada esté lista.
Ficción Inventos inútiles
Un carrito de la compra diseñado, a un coste considerable, para girar solo a la izquierda, porque un carrito que puede ir a cualquier parte fomenta un comprador que no ha pensado en nada.
Ficción Inventos inútiles
Un pequeño puño de latón montado por dentro de la puerta de casa, que llama educadamente cada vez que una visita pulsa el botón de fuera.
Ficción Inventos inútiles
Una preciosa linterna de aluminio cuyo haz llega unos tres segundos después de apuntar, de modo que siempre te enseña dónde estabas mirando y no dónde miras.
Ficción Inventos inútiles
Un reloj de sol de latón, bien construido, para el salón, que se vende con su propia linterna, porque un reloj de sol bajo techo tiene que sacar el sol de alguna parte.