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Ficción — inventada por diversión

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El paraguas que nadie pensaba quedarse

En el cajón de objetos perdidos de una cafetería hay un paraguas que ha sido reclamado once veces, devuelto doce, y que ha decidido en silencio que ser olvidado es precisamente su oficio.

Un cajón de objetos perdidos con paraguas y bufandas olvidados bajo un farol colgante junto a la puerta de una cafetería.

En una cafetería de una calle con demasiados árboles, junto a la puerta y bajo un farol colgante, hay un cajón de madera con el letrero PERDIDOS. Dentro hay tres bufandas, un guante solitario que ya ha perdido la esperanza, dos paraguas baratos que no quiere nadie y un paraguas azul marino con la tercera varilla doblada. El paraguas azul marino ha sido reclamado once veces. Lo han devuelto doce. Nadie ha explicado nunca la vez de más.

La gente se lo lleva cuando el cielo se pone del color del agua de fregar. Piensa quedárselo, porque un paraguas es algo útil y este se abre con un golpe muy satisfactorio. Pero en algún punto entre la cafetería y su casa se cruza con un desconocido encogido bajo un periódico, y el mango parece inclinarse, solo un poco, hacia ese lado. El paraguas cambia de manos. El nuevo dueño lo devuelve a la cafetería, porque eso es lo que dice la etiquetita de papel: que vive allí. La etiqueta está escrita a mano, un poco emborronada, y ya la han reescrito dos veces personas que pensaron que merecía mejor tinta.

Una vez, la dueña de la cafetería intentó romper el ciclo. Se lo dio a un cliente habitual, un hombre que caminaba cuarenta minutos hasta el trabajo, y le dijo con firmeza que era un regalo. Él le dio las gracias. Ocho días después el paraguas estaba otra vez en el cajón, seco, con una nota que explicaba que había conocido en una parada de autobús a alguien que lo necesitaba más, y que la persona siguiente había pensado exactamente lo mismo.

Desde entonces lleva un registro al final del libro de pedidos: la fecha, el tiempo y lo que quiera contar la persona que lo devuelve. Las anotaciones son breves. Parada de autobús, chaparrón, señora mayor. Escaleras de la estación, llovizna, chico con violonchelo. Puerta del colegio, granizo, no lo había visto nunca. A nadie se le pide que escriba nada y, sin embargo, casi todo el mundo lo hace, de pie junto a la barra y con el abrigo todavía chorreando.

Lo que hay de verdad detrás de la historia es lo fácil que un objeto pequeño se convierte en una costumbre amable. Nadie que se lleva el paraguas sale con la idea de ser generoso. Simplemente se fija, por un momento, en alguien que se está mojando más que él, y el paraguas hace que el siguiente paso sea evidente. Es mucho más fácil dar algo que en realidad nunca fue del todo tuyo, y mucho más fácil pasarlo cuando sabes adónde tiene que volver.

Ella ha dejado de resistirse. La etiqueta ahora dice PRÉSTAME, y alguien ha tachado PERDIDOS en el cajón y ha escrito debajo EN CIRCULACIÓN. El guante sigue esperando. El paraguas ha vuelto a salir esta tarde a hacer su ronda, sin ser de nadie y siendo de todos, protegiendo de la lluvia a quien más lo necesite.

Esto es ficción. Esta pieza fue inventada para entretenimiento y no es un reportaje fáctico. Cualquier «dato», «persona», «evento» o «estudio» mencionado ha sido imaginado. Más →

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