Ficción — inventada por diversión
Inicio Noticias animales — ficción
Una urraca niega su interés por lo brillante y lo llama un viejo rumor
Un comunicado largo emitido desde un poste de valla pide al público que deje de sacar cucharillas y solicita, en su lugar, una ramita flexible muy concreta.
Una urraca del seto que hay detrás de los huertos ha emitido un breve comunicado en el que pide al público que deje de sacarle cucharillas. El comunicado, leído desde lo alto de un poste de valla a considerable volumen y durante once minutos, describe el asunto de los objetos brillantes como un viejo rumor que persigue a su familia desde hace generaciones y que nadie se ha molestado nunca en comprobar.
Dijo que no tiene ningún sentimiento particular hacia las cucharillas. Dijo que en una ocasión, hace muchos años, sí recogió un tapón de botella, que lo volvió a dejar casi de inmediato, y que al parecer en eso consiste la acusación entera.
Preguntada por lo que sí colecciona, enumeró ramitas, más ramitas, un tipo concreto de ramita algo flexible que resulta muy difícil de encontrar, barro y algo de hierba seca. Añadió que si la gente quiere dejarle algo, un trozo de esa ramita flexible sería bienvenido y una cucharilla no.
El comunicado pasaba luego a describir una sucesión de regalos no deseados. Papel de aluminio. Manojos de llaves colocados con esperanza sobre los muros del jardín. En un caso, un pequeño espejo de mano apoyado contra el bebedero por una familia que después se sentó junto a la ventana de la cocina cuatro fines de semana seguidos con una cámara. La urraca informa de que usó el bebedero con normalidad, de que ignoró el espejo y de que la familia ya ha desistido.
Un cuervo vecino, al que se pidió comentario, dijo que todo aquello era muy típico y que a su propia familia llevaban siglos describiéndola como agorera personas que no habían conocido a ninguno. Se negó a añadir nada más, alegando que cualquier cosa que dijera se interpretaría como el aviso de algo.
La urraca terminó señalando que, en realidad, es extremadamente cautelosa con los objetos que no reconoce, y que cualquier cosa nueva y reluciente en su territorio la mirará desde lejos, desde varios ángulos y durante un buen rato, antes de decidir no tener absolutamente nada que ver con ella.
Detrás del chiste hay una costumbre mental muy real, y es nuestra, no del pájaro. Los cuervos y las urracas son córvidos, de las aves más listas que existen, y como la mayoría de los animales inteligentes tratan con recelo todo lo desconocido. Un objeto brillante y extraño en un sitio familiar es justo aquello de lo que un animal prudente se mantiene bien lejos.
La reputación sobrevive por cómo llevamos la cuenta. Si una urraca recoge alguna vez algo brillante, esa es una historia que merece contarse; las mil mañanas en que pasó de largo junto a una moneda caída no son historia ninguna, así que nadie las cuenta. Una reputación construida enteramente con excepciones memorables es muy difícil de mover, y por eso los pájaros llevan un par de siglos respondiendo preguntas sobre cucharillas, y por eso al resto quizá nos convendría ser un poco más cuidadosos con aquello de lo que estamos seguros.